Llegó el ocaso al bulevar
Norma Desmond: la personificación de una necesidad humana
La necesidad humana: el reconocimiento del otro
EXAGERACIÓN del reconocimiento del otro: La fama
La fama: noción esnobista de la admiración y empática envidia
PRODUCIR EN EL OTRO empática envidia: La necesidad humana
Personificación de la necesidad humana: Norma Desmond
La situación: nostalgia melodramática y patética de una pobre mujer ya pasada de moda que va y vuelve de su pasado, como si en vez de tiempo se tratara de un lugar al cual puede ir cuando quiera. Esta noción espacio-temporal es la que la película evidencia mediante las escenas en las que un recuerdo se convierte no sólo en la descripción oral del mismo, sino la dramatización, la vivencia. De este modo, el director hace notar su intento por que ese patetismo de la pobre Norma Desmond se sienta. Sin embargo, Wilder logra hacer de ese patetismo el vehículo del humor en los diálogos de la película. Y es que resulta muy jocoso el autorreconocimiento vanagloriado y exagerado de esta actriz en decadencia, la cual se vuelve en “el otro”. Se vuelve en ese sujeto que la admira: es sujeto y objeto de admiración a la vez, es la proyección de ella en ella misma. Ella misma satisface su propia “necesidad humana”, pues el único otro que existe, ya para su época, es ella. Ella parece actuando todo el tiempo, lo de actriz se le pegó en la piel. Antes no podía hablar… y ahora cuando puede se le hizo tarde, y se ufana rutinariamente de su talento y su fama: ahora habla. Pero la cámara ya no la mira, sólo se mira a ella misma. Porque llegó el ocaso al bulevar.
Norma Desmond: la personificación de una necesidad humana
La necesidad humana: el reconocimiento del otro
EXAGERACIÓN del reconocimiento del otro: La fama
La fama: noción esnobista de la admiración y empática envidia
PRODUCIR EN EL OTRO empática envidia: La necesidad humana
Personificación de la necesidad humana: Norma Desmond
La situación: nostalgia melodramática y patética de una pobre mujer ya pasada de moda que va y vuelve de su pasado, como si en vez de tiempo se tratara de un lugar al cual puede ir cuando quiera. Esta noción espacio-temporal es la que la película evidencia mediante las escenas en las que un recuerdo se convierte no sólo en la descripción oral del mismo, sino la dramatización, la vivencia. De este modo, el director hace notar su intento por que ese patetismo de la pobre Norma Desmond se sienta. Sin embargo, Wilder logra hacer de ese patetismo el vehículo del humor en los diálogos de la película. Y es que resulta muy jocoso el autorreconocimiento vanagloriado y exagerado de esta actriz en decadencia, la cual se vuelve en “el otro”. Se vuelve en ese sujeto que la admira: es sujeto y objeto de admiración a la vez, es la proyección de ella en ella misma. Ella misma satisface su propia “necesidad humana”, pues el único otro que existe, ya para su época, es ella. Ella parece actuando todo el tiempo, lo de actriz se le pegó en la piel. Antes no podía hablar… y ahora cuando puede se le hizo tarde, y se ufana rutinariamente de su talento y su fama: ahora habla. Pero la cámara ya no la mira, sólo se mira a ella misma. Porque llegó el ocaso al bulevar.
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