#simeimporta
Un documental, un espacio de tiempo audiovisualmente aprehensible que tiene unos espectadores. Una breve síntesis de un acontecimiento. En este caso el acontecimiento tiene como escenario una locación colombiana: Bogotá; y esta vez tiene como protagonistas a los actores de la Toma y Retoma del Palacio de Justicia. Hay dos momentos: el holocausto y años después el victimario. Y ahora que me doy cuenta, qué bien que hizo el M-19 al tomarse un constructo arquitectónico abanderado con la justicia, después de todo es como robarse la espada de Bolívar, todo es un chiste político. El documental se presenta en varios fragmentos y testimonios de varios grupos de interés. Los tanques de guerra son el leitmotiv visual del documental y, el sonoro, las bombas y explosiones. El chiste: nuestro héroe el gran coronel Plazas Vega.
Los documentalistas dieron en el blanco, hicieron buena estrategia de mercadeo, en medio de semejante controversia mediática del caso de Plazas Vega hicieron emerger un documental al respecto, se alimentó el morbo de la población no-víctima para la cual estaba en boga el tema de Plazas Vega y, por otro lado, se avivó la herida abierta que este hecho dejó en las víctimas. Además, mediante la ordenación de los fragmentos, los directores logran generar un efecto conmovedor. Contrastan el sonido y las escenas de los tanques de guerra con tomas inmediatas en la que se muestran víctimas hablando quedo y suave, lamentándose con resignación; del caos del humo y las balas a la suave voz de una víctima. Resultado: conmoción sentimental.
El documental tuvo su efecto conmovedor en mí. Espantoso saber que no es ficción, es imposible no sentir empatía con estas víctimas y sus historias que inminentemente se ven indexadas a lo familiar. A pesar de lo dramático, las víctimas sólo hablan y el hablar se convierte en su única herramienta, en su único vehículo. La frustración es el común denominador. Nadie menciona sus creencias religiosas, pero caen todos en el mismo costal, la homogeneización de los actos violentos se evidencia y al parecer no importa el modo de tortura, sólo importa la circunstancia: el infierno. El documental hace un gran trabajo en hacer de los testimonios aún más dramáticos, escuetas frases y fragmentos de lo más conmovedores, la música, el ambiente. Todos los efectos evidencian correspondencia con la historia, y es que no creo que hacer de un documental de esta índole un largometraje conmovedor haya sido difícil, pues ya de por sí los hechos lo son. Sin embargo, se le ha reconocido una ardua tarea investigativa como trabajo de ampliación documental del acontecimiento… por mi parte, el documental no trata de que ahora hay más información del caso y que ahora gracias a este documental la sociedad mejoró, el documental trata de hacer vivir el dolor de las víctimas al espectador. Se dilucida gestos un poco morbosos, ya que a lo largo de todo el documental se muestra una fascinación por el drama que conllevó el acontecimiento.
Este tipo de productos audiovisuales siempre tiene un efecto en el espectador: ¿por qué soy tan indiferente? Los ojos a diferencia de las orejas sí tienen párpados y se puede escoger entre qué ver y qué no. La mayoría de veces, escogemos cerrar los ojos, la indiferencia será la elección, finalmente así como de frustradas están las víctimas están los espectadores que no les queda más que poner en sus redes sociales “#simeimporta”, “#yosoycapaz, “#yoquierolapaz”. Muy pocos están pensando en emprendimiento público sostenible como su opción de vida o profesional, la verdad sea dicha…a pocos les apasiona la filantropía.. y es que sentir empatía no es suficiente aliciente para mover a una población individualista a hacer algo al respecto. Finalmente, un “#simeimporta” es suficiente para sentirse bien consigo mismo… la hipocresía forzada, como el desplazamiento forzado, es algo de lo que la mayoría de la población civil no se puede defender.
Un documental, un espacio de tiempo audiovisualmente aprehensible que tiene unos espectadores. Una breve síntesis de un acontecimiento. En este caso el acontecimiento tiene como escenario una locación colombiana: Bogotá; y esta vez tiene como protagonistas a los actores de la Toma y Retoma del Palacio de Justicia. Hay dos momentos: el holocausto y años después el victimario. Y ahora que me doy cuenta, qué bien que hizo el M-19 al tomarse un constructo arquitectónico abanderado con la justicia, después de todo es como robarse la espada de Bolívar, todo es un chiste político. El documental se presenta en varios fragmentos y testimonios de varios grupos de interés. Los tanques de guerra son el leitmotiv visual del documental y, el sonoro, las bombas y explosiones. El chiste: nuestro héroe el gran coronel Plazas Vega.
Los documentalistas dieron en el blanco, hicieron buena estrategia de mercadeo, en medio de semejante controversia mediática del caso de Plazas Vega hicieron emerger un documental al respecto, se alimentó el morbo de la población no-víctima para la cual estaba en boga el tema de Plazas Vega y, por otro lado, se avivó la herida abierta que este hecho dejó en las víctimas. Además, mediante la ordenación de los fragmentos, los directores logran generar un efecto conmovedor. Contrastan el sonido y las escenas de los tanques de guerra con tomas inmediatas en la que se muestran víctimas hablando quedo y suave, lamentándose con resignación; del caos del humo y las balas a la suave voz de una víctima. Resultado: conmoción sentimental.
El documental tuvo su efecto conmovedor en mí. Espantoso saber que no es ficción, es imposible no sentir empatía con estas víctimas y sus historias que inminentemente se ven indexadas a lo familiar. A pesar de lo dramático, las víctimas sólo hablan y el hablar se convierte en su única herramienta, en su único vehículo. La frustración es el común denominador. Nadie menciona sus creencias religiosas, pero caen todos en el mismo costal, la homogeneización de los actos violentos se evidencia y al parecer no importa el modo de tortura, sólo importa la circunstancia: el infierno. El documental hace un gran trabajo en hacer de los testimonios aún más dramáticos, escuetas frases y fragmentos de lo más conmovedores, la música, el ambiente. Todos los efectos evidencian correspondencia con la historia, y es que no creo que hacer de un documental de esta índole un largometraje conmovedor haya sido difícil, pues ya de por sí los hechos lo son. Sin embargo, se le ha reconocido una ardua tarea investigativa como trabajo de ampliación documental del acontecimiento… por mi parte, el documental no trata de que ahora hay más información del caso y que ahora gracias a este documental la sociedad mejoró, el documental trata de hacer vivir el dolor de las víctimas al espectador. Se dilucida gestos un poco morbosos, ya que a lo largo de todo el documental se muestra una fascinación por el drama que conllevó el acontecimiento.
Este tipo de productos audiovisuales siempre tiene un efecto en el espectador: ¿por qué soy tan indiferente? Los ojos a diferencia de las orejas sí tienen párpados y se puede escoger entre qué ver y qué no. La mayoría de veces, escogemos cerrar los ojos, la indiferencia será la elección, finalmente así como de frustradas están las víctimas están los espectadores que no les queda más que poner en sus redes sociales “#simeimporta”, “#yosoycapaz, “#yoquierolapaz”. Muy pocos están pensando en emprendimiento público sostenible como su opción de vida o profesional, la verdad sea dicha…a pocos les apasiona la filantropía.. y es que sentir empatía no es suficiente aliciente para mover a una población individualista a hacer algo al respecto. Finalmente, un “#simeimporta” es suficiente para sentirse bien consigo mismo… la hipocresía forzada, como el desplazamiento forzado, es algo de lo que la mayoría de la población civil no se puede defender.
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