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INMACULADA EVANGELIZACIÓN: EL ROL DE LA VIRGEN EN LA PINTURA DE GREGORIO VÁSQUEZ






Alegoría de la Inmaculada Concepción
GregorioVásquezdeArceyCeballos
1665
ÓleosobreMadera
70x52.5cms
MuseodeArteColonial, Bogotá


La Alegoría de la Inmaculada Concepción es una obra que data de 1665 creada por Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos y está actualmente en el Museo de Arte Colonial de Bogotá. Como la totalidad de las obras del pintor santafereño, ésta es una obra que aborda la iconografía católico-religiosa con fines de adoctrinamiento. A razón de esto, muestro que esta obra goza del carácter evangelizador de la época, puesto que se basa en la figura de María como intercesora. El derrotero por seguir en este texto empezará haciendo hincapié en el poder de la imágenes religiosas en relación con el adoctrinamiento católico. Luego, contextualizaré la obra de Vásquez y su papel en la sociedad neogranadina del siglo XVII. A continuación, haré uso del acto de interpretación de Panofsky para reconocer el papel mediador de María en la Alegoría de la Inmaculada Concepción. Finalmente, sintetizaré para mostrar el carácter evangelizador de la obra.
            La Iglesia, desde la contrarreforma europea, aceptó el uso de imágenes, pero con un fin exclusivamente religioso. Esto aconteció desde la sesión XXV del Concilio de Trento en 1563, en el que la iglesia permitió la veneración de las reliquias y de las imágenes iconográficas. Asimismo, asumió el arte como un instrumento para fomentar la piedad y la devoción de los fieles. De este modo, el ente religioso hizo uso del arte para la propaganda al servicio de la fe. Esta decisión por parte de la Iglesia puede explicarse desde las características psico-perceptivas de las imágenes; bien lo afirma Debray cuando describe el carácter de la imagen como contagioso y más virulento que el del escrito. Además, menciona que más allá de su uso para la propaganda de las sacralidades, la imagen tiene el don de unir a la comunidad creyente[1]. Esto explica, de cierta forma, por qué una entidad como la Iglesia eligió usar las imágenes para cumplir su objetivo: evangelizar.
            Siguiendo los lineamientos de la contrarreforma en el siglo XVI, en la Nueva Granada, desde la segunda parte del siglo, el arte se empezó a comprometer con la cristianización de los pueblos indígenas por parte de España. Esto ocurrió mediante la exposición de obras en las iglesias y monasterios para los cuales habían sido pintadas[2]. El uso de las imágenes en monasterios e iglesias se puede explicar desde la tradición española, en la que, desde siglo V, se empezó a implementar esta modalidad. Además, los temas religiosos en el arte español tuvieron protagonismo hasta el siglo XVII[3].De ahí que las pinturas de Gregorio Vásquez hayan sido partícipes en el proceso de evangelización, ya que Vásquez fue uno de los pintores oficiales en la Nueva Granada al servicio de la iconografía católica[4]. Para cumplir el objetivo, la iconografía más utilizada por este pintor y por los misioneros en su labor evangelizadora fue la iconografía mariana, Cristo crucificado y Jesús Niño[5].
Vásquez, para esta obra, aborda una de las concurridas iconografías de la época: María, específicamente la Inmaculada Concepción. El origen de esta iconografía se puede explicar desde la historia de los padres de María. La descripción del evangelio de “Pseudo Mateo”, aunque fue rechazada por la Iglesia, es válida para encontrar un posible origen a la iconografía. En este evangelio, se narra cómo a pesar de que a San Joaquín “'Dios lo había juzgado indigno de tener hijos”, un ángel le anunció que su esposa (Santa Ana) estaba en cinta. Lo que explica por qué el “Pseudo Mateo” cree en la concepción virginal de María[6]. A partir de este relato, se desatan dos aspectos clave de la obra a estudiar: la Inmaculada concepción hacia la parte central y San Joaquín y Santa Ana en el parte inferior del cuadro. La relación histórico-religiosa y familiar que los sujetos mencionados sostienen se ve reflejada en la obra por su vínculo visual geométricamente aprehensible: los sujetos se disponen de tal manera que forman un triángulo. Además, las miradas elevadas de San Joaquín y Santa Ana refuerzan la relación.
Siguiendo el acto de interpretación de Panofsky, se puede ver que la obra está dividida en tres partes: superior, central e inferior. Primero, en la parte central se observa a la Inmaculada Concepción sobre la escena de Adán y Eva saliendo del Paraíso. Ella es identificable principalmente por el espejo apoyado en su cadera y por la serpiente sobre la que descansa su figura. El espejo representa la Sabiduría como el “inmaculado espejo de Dios” (Libro de la Sabiduría 7,26).[7]Y el disponerse sobre una serpiente, la cual rodea la escena de Adán y Eva saliendo del paraíso como castigo por el pecado original, no sólo es lo que caracteriza a la versión favorita en Sicilia y España[8] de la Inmaculada Concepción, sino que simboliza que ella está libre de la mácula del pecado. Cabe resaltar que, si bien la gran parte de la figura de María se encuentra en el plano superior, el hecho de que parte de sus vestiduras esté dispuesta en el plano inferior del cuadro (María se apoya sobra la escena del pecado) permite que sea percibida en una suerte de espacio intermedio entre lo celestial (plano superior) y lo terrenal (plano inferior). Por otro lado, la escena de Adán y Eva se reconoce en los gestos de aflicción y vergüenza de los individuos, los cuales fueron representados por primera vez en La expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal (1425-28) pintada por Masaccio en la Capilla Brancacci en la iglesia florentina de Santa María de Carmine.
En segundo lugar, en la parte superior se encuentran al Espíritu Santo, Cristo, Dios Padre y gran parte de la figura de María. El Espíritu Santo se reconoce por su habitual forma de paloma blanca en escorzo que emana luz propia. Además, se observa que Cristo, en la parte izquierda, le da la mano a María en un gesto de amabilidad y afinidad. Del mismo modo, en la parte superior derecha, se observa a Dios Padre expresando orgullo, al tener tendida su mano derecha hacia María. Por otro lado, se identifica una serie de querubines que salen del plano secundario superior, que, en esta obra, es una aglomeración de luz y nubes. Por último, en la parte inferior, como se dijo antes, están los padres de María y se distingue, a pesar de sus colores esfumados, un paisaje terrenal en el que se puede identificar agua, fronda, y cielo.
Además, se puede apreciar un tipo de jerarquía como eje central en la obra. Ésta es adoptada por la línea vertical insinuada mediante la ubicación de la escena de Adán y Eva, María y el Espíritu Santo. Así, el nivel jerárquico más bajo es la escena del pecado (Adán y Eva) y el más alto es el Reino de los cielos en donde se encuentra la Trinidad (Cristo, Dios Padre y Espíritu Santo). La jerarquización geométrica se complementa con la luz del plano secundario superior y con las transparencias del color allí presentes, lo cual permite percibir a las figuras en el plano superior carentes de gravedad en el espacio debido a la ligereza y suavidad con que éste se presenta en la obra.
Para sintetizar, voy a identificar los aspectos clave de la obra. El primero es el corte horizontal de la imagen, el cual genera dos planos: superior (el Reino de los cielos) e inferior (lo terrenal y pecaminoso). El segundo, la escenificación del pecado original castigado (escena de Adán y Eva). El tercero, la figura central de la Inmaculada Concepción. Y el cuarto, la mirada ascendente determinada por la luz direccionada, la composición geométrica y las miradas de los padres de María. La disposición de la luz  direccionada se debe a la ubicación superior y central del Espíritu Santo. La composición geométrica está determinada por la disposición de los cinco sujetos en forma de aspa, un triángulo inferior y uno superior invertido. Y las miradas de San Joaquín y Santa Ana respecto de María están elevadas hacia el plano superior.
 Además, la división del cuadro en planos es clara por la ubicación central de María sobre la escena de Adán y Eva, de lo que se puede inferir que el artista describe el pecado (escenificado) como el ápice divisor entre lo divino y lo terrenal. Adicionalmente, María no solamente está exenta del pecado original, sino que es agente para el perdón del pecado y sugiere ser primordial en la transición desde lo terrenal hacia lo divino. Del mismo modo, el recorrido que sugiere la luz hacia el plano superior evidencia un camino hacia el Reino de los cielos, en el cual una mirada estacionaria corresponde a la iconografía de la Inmaculada Concepción.
En este punto es importante resaltar que la iconografía de la Inmaculada Concepción presentada por Vásquez difiere respecto de la tradición iconográfica española. Por un lado, como se dijo antes, María hace parte del camino hacia el Reino de los cielos, el cual no está delineado exclusivamente por la figura de María, sino por el conjunto de figuras interdependientes en el cual María concurre. Por otro lado, en las obras españolas insignes que abordan ésta iconografía se puede percibir un carácter más contemplativo frente al personaje de María en comparación con la Inmaculada de Vásquez[9]. Lo anterior debido a que en las pinturas españolas de la Inmaculada es común encontrar a María como único individuo reconocible dentro del cuadro. En cambio, si bien la centralidad de María en la Inmaculada de Vásquez la hace resaltar, la pintura aborda otras iconografías – Adán y Eva y La Trinidad– que no se ven opacadas por María y que dejan percibir un grupo de figuras interdependientes. Esto puede ser explicado a partir del objetivo de la pintura, tanto en España como en la Nueva Granada (siglo XVII). Por un lado, el arte español convergió con la Contrarreforma en uno de sus principales objetivos: el fortalecimiento del catolicismo, y, por otro, el arte neogranadino siguió los lineamientos de la Contrarreforma, pero en cuanto al uso de la iconografía religiosa. Entonces, la diferencia radica en que en España la iconografía se usaba para fortalecer la fe de la religión preestablecida y en la Nueva Granda para fomentar el surgimiento de ésta. Así, la esquematización didáctica y la amalgama de iconografías determinan la particularidad de la Inmaculada de Vásquez respecto de la tradición iconográfica, ya que no muestra a María de manera protagónica y alusiva, sino en conjunto y con otras iconografías, es decir, con una composición esquemática determinante.
Para finalizar el acto de interpretación, se resalta que no sólo se puede apreciar un esquema de aspa que deja entrever didactismo en la obra, sino que además la división en planos, superior e inferior, fortalece el esquema. Por otro lado, no sólo se puede aprehender cómo la composición desarrolla una visión fracturada entre lo pecaminoso y lo divino                                                             –planos superior e inferior−, sino también que la presencia de la Inmaculada Concepción atenúa la fractura para dar una esperanza al sujeto por evangelizar. Así, la observación y percepción de la Inmaculada son determinantes a la hora de contagiar la nueva fe. Esta idea se ve apoyada en la ubicación de los personajes y en la presentación de la luz interactiva, ya que la fuente de luz determinada por el Espíritu Santo invita a observar la obra de abajo hacia arriba: de la parte con escasez de luz hacia la parte más iluminada. De este modo la imagen comunica su contenido para contagiar el virus de la fe, a razón de las características psico-perceptivas de la imagen –virulenta y contagiosa−, que dejan ver al espectador persuadido[10] por la idea de en dónde está, hacia dónde va y cómo va a llegar. Las respuestas se tornan evidentes: en lo terrenal y pecaminoso (plano inferior), hacia la luz (plano superior) y mediante la Inmaculada Concepción (centro). En consonancia con lo dicho, el recorrido y presentación de la luz, junto con la composición geométrico-didáctica de la obra, dejan entrever el carácter proselitista y evangelizador del que la imagen goza. De este modo, la imagen no sólo presenta la iconografía religiosa para la propaganda católica, sino también  para que la obra sea percibida y llegue de forma similar a los espectadores. Así, la obra es participe de un proceso de unión católico-creyente, del cual hace parte primordial la figura de la Inmaculada Concepción.
BIBLIOGRAFÍA
Borja, Jaime. “La pintura colonial y el control de los sentidos”. Calle14: Revista de investigación en el campo del arte, vol 4, no. 5 (Julio-Diciembre, 2010): 58-67

Debray, Régis. Vida y muerte de la imagen. Traducción por Ramón Hervás. Barcelona: Paidós Ibérica, 1994.

Escrivá, Josemaría. Aprender el amor de la Virgen en Camino. San José: Promesa, 2002.

Gil Tovar, Francisco. “Conquista, evangelización y arte”. Correo de los Andes. n. 49 (Enero-Febrero, 1988): 34-47.

Marcial Dorado, Carolina. “El arte español”. Hispania. Vol. 10, no. 5 (1927): 330-340.

Mejía Gutiérrez, Carlos. Los Ángeles de Sopó. Angelino Medoro y el arte colonial neogranadino. Medellín: L.Vieco e Hijas Ltda, 1994.

Morales, Teresa. Tota pulchra. Exposición de la Inmaculada. Santa Fé de Bogotá: Panamericana Formas e Impresos, 1999.

Pizano de Brigard, Francisco. “Prólogo a la segunda edición”. En Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, de Roberto Pizano, 7-13. Bogotá: Editorial siglo dieciséis, 1985.

Stratton, Suzanne. “La Inmaculada Concepción en el arte español”. En Cuadernos de arte e iconografía. Tomo 1, no.2. (Sin meses, 1988): 3-128.

Toquica, Constanza, comp. El oficio del pintor: nuevas miradas a la obra de Gregorio Vásquez. Bogotá: Ministerio de Cultura, 2008.

Traba, Marta. Historia abierta del arte colombiano. Bogotá: Colcultura, 1984.

Vega, Natalia. “The colonial period, c 1500–1819”. En Colombia, Republic of. Grove Art Online. [base de datos en línea]. [consultado el 4 de Abril de 2013]. Disponible en <http://www.oxfordartonline.com.biblioteca.uniandes.edu.co:8080/subscriber/article/grove/art/T018726?#T018739>

Warner, Marina. Tú sola entre las mujeres: mito del culto de la Virgen María. Traducido por Juan Luis Pintos. Madrid: Taurus Humanidades, 1991.




ANEXO
Descripción: File:Ribera-inmaculada.jpg                                                           


















Figura 1: Inmaculada
José de Ribera
Hacia 1630
Óleosobrelienzo
229 x 160cms
Museodel Prado, Madrid
Descripción: File:The Immaculate Conception, by Giovanni Battista Tiepolo, from Prado in Google Earth.jpg
Figura 2: Inmaculada Concepción
Óleo sobre lienzo
281 x 127cms aprox.
Museo del Prado, Madrid
Descripción: File:Zurbaran - Inmaculada Concepcion.jpg
Figura 3: Inmaculada Concepción
Francisco de Zurbarán
1630-1635
Óleosobrelienzo
139 x 104cms
Museodel Prado, Madrid

Descripción: File:Francisco de Zurbarán - Immaculate Conception - Google Art Project.jpg

Figura 4: Inmaculada Concepción
Francisco de Zurbarán
1632
Óleosobrelienzo
99 x 66cms
Museodel Prado, Madrid
Descripción: C:\Users\ZANAHORIA\Pictures\409px-Murillo_-_Inmaculada_Concepción_de_los_Venerables_o_de_Soult_(Museo_del_Prado,_1678).jpg
Figura 5: Inmaculada Concepción
Bartolomé Esteban Murillo
1658
Óleosobrelienzo
274 x 190cms
Museodel Prado, Madrid
Descripción: File:10 Inmaculada Concepción (National Gallery de Londres, c. 1618).jpg
Figura 6: Inmaculada Concepción
Diego Velázquez
1618
Óleosobrelienzo
135,5 x 101,6cms
National Gallery, Londres 
Descripción: File:Inmaculada Oballe El Greco.jpg
Figura 7: Inmaculada Concepción
Diego Velázquez
1608-1613
Óleosobrelienzo 
348 x 174,6cms
Museo de Santa Cruz, Toledo 






[1]Régis Debray, Vida y muerte de la imagen, trad. Ramón Hervás (Barcelona: Paidós Ibérica, 1994), 80.
[2] Francisco Pizano de Brigard, prólogo a la segunda edición de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, por Roberto Pizano(Bogotá: Editorial siglo dieciséis, 1985), 7.
[3]Carolina Marcial Dorado, “El arte español”, Hispania, vol. 10, no. 5 (1927): 338-339.
[4]Para continuar con la contextualización de la pintura de Vásquez, es importante hacer referencia a la historiografía existente sobre su obra. Los dos biógrafos emblemáticos de Gregorio Vásquez fueron Juan Manuel Groot y Roberto Pizano, cuya influencia ha sido determinante en la manera de entender la obra de Vásquez. Por un lado, Groot fue pionero en abordar la vida de Vásquez al escribir su primera biografía titulada Noticia Bibliográfica de Gregorio Vásquez y Ceballos, pintor granadino del siglo XVII (Bogotá: Imprenta de Francisco Torres Amaya, 1859). Ésta se caracteriza por su corte romántico-nacionalista típico del siglo XIX, donde se evidencia la necesidad de enaltecer la figura de Vásquez mediante la comparación con artistas europeos. Asimismo, Roberto Pizano sigue la línea historiográfica vasariana de Groot, al glorificar la obra de Vásquez en su biografía titulada Biografía de Gregorio Vásquez (París: Camilo Blochet, 1926). Por otro lado, el trabajo contemporáneo más importante, referente a la obra y vida de Vásquez, es la compilación de Constanza Toquica, El oficio del pintor: nuevas miradas a la obra de Gregorio Vásquez (Bogotá: Ministerio de Cultura, 2008), la cual fue construida para presentar un nuevo espacio expositivo en el Museo de Arte Colonial respecto de la obra de Vásquez. En este proyecto, del cual fueron participes expertos en el tema, el enfoque historiográfico es principalmente la historia social del arte acompañada de algunos análisis formalistas e iconográficos. De este libro se resalta el capítulo escrito por Yobenj Aucardo Chicangana-Bayona, “Groot y la construcción del mito de Grogorio Vásquez” (El oficio del pintor, págs. 117-124), puesto que este autor hace un análisis sobre la historiografía referente a la biografía de Gregorio Vásquez hecha por Groot y, además, explora la forma en la cual el artista se convirtió en un emblema del arte colonial.
[5]Francisco Gil Tovar, “Conquista, evangelización y arte”, Correo de los Andes, no. 49 (Enero-Febrero 1988): 34-47
[6] El texto entre comillas hace referencia a los evangelios apócrifos (Aurelio De Santos Otero, Los Evangelios Apócrifos, Biblioteca de Autores Cristianos), citados en Teresa Morales, Tota pulchra. Exposición de la Inmaculada (1999), 8-9.
[7] Citado en Marina Warner, Tú sola entre las mujeres: mito del culto de la Virgen María, trad. Juan Luis Pintos (Madrid: Taurus Humanidades, 1991), 324.
[8] Warner, Tú sola entre las mujeres, 321.
[9]  Ver anexo para imágenes de obras insignes.
[10]Jaime Borja, “La pintura colonial y el control de los sentidos”, Calle14: Revista de investigación en el campo del arte, vol 4, no. 2 (Julio-Diciembre, 2010): 61.

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