El monocromo, la nada y el
espectador: un acercamiento a dos obras de Jaime Davidovich
En 1962, el artista
argentino Jaime Davidovich (1936-2016) creó su obra Paisaje de Pampas
12, como parte de la serie de Pizarrones
negros. Estos pizarrones de gran
formato están elaborados sobre arpillera cubierta de color negro que,
visualmente, estarían interrumpidos por gestos lineales
(ver Figura 1 y 2)1. Trece años más tarde, en 1975, Davidovich configura su video instalación Blue, Red, Yellow (ver Figuras 3 y 4) con la que hace homenaje a Alexander Rodchenko, quien configuró su
obra Pure Red Color, Pure Yellow Color,
Pure Blue Color, a partir de los mismos
colores, en 1921 (ver Figura 5). Esta video instalación consiste en monitores
de televisión que, a simple vista, no presentan nada más allá que la pantalla
coloreada de azul, rojo o amarillo. No obstante,
la temporalidad de la obra permite
evidenciar en los monitores
imágenes en reproducción. Estas imágenes consisten en la mano de
Davidovich disponiendo lentamente capas sucesivas de cinta -de los colores mencionados- sobre otro monitor que no es el mismo monitor reproductor del
video. De manera
que ambas obras, mediante su
uso del monocromo, hacen referencia a
la obra introducida por Rodchenko; mediante el color negro y los colores azul, rojo y amarillo, respectivamente.
Teniendo en cuenta
estas obras, mi objetivo en este
texto es complementar los
acercamientos que se han hecho a la obra de Davidovich. Lo anterior mediante
el análisis de las dos obras mencionadas a la luz de la noción de monocromo y la dialéctica obra- espectador. De hecho, propongo
que el monocromo, en las obras, determina
dicha dialéctica. Para esto
contextualizaré al monocromo inmerso en la neovanguardia a la luz de la noción
1 David R. Quiles, ed., Jaime Davidovich in Conversation with Daniel R. Quiles (Nueva York: Fundación Cisneros, 2017), 26.
de acción
diferida y la relación arte-vida. Acto seguido, introduciré el contexto cultural
y político en el que los monocromos
de Davidovich estuvieron inmersos a la hora
de su creación. A continuación, me enfocaré en la materialidad de las obras mediante el fenómeno
internacionalista argentino. Finalmente, abordaré la abstracción en Davidovich y
la relación de sus obras con el espectador. Lo anterior será soportado por el análisis
formal de las obras. Para empezar, teniendo en cuenta el antecedente de Rodchenko, el uso del monocromo en ambas obras dilucida la noción
de neovanguardia introducida por Foster. Esto se
debe a que dicha noción,
en su teorización, parte del supuesto de acción diferida como
un proceso continuo que alterna entre futuros anticipados y pasados
reconstruidos. De manera que los estilos
de la vanguardia y la neovanguardia no se tratan
en términos de antes-después,
origen-repetición o causa-efecto2. Dado esto, se puede entender que el fenómeno
vanguardista del monocromo de Rodchenko no dejó de suceder, sino que, más bien, encontró un auge en estas obras
monocromáticas de Davidovich, a causa de detonantes contextuales.
Así, la neovanguardia se entiende a la luz de dos
aspectos; los detonantes contextuales y la
tradición del
monocromo en auge.
Antes de hablar de los detonantes
contextuales y la tradición del monocromo, es importante mencionar que dicha
noción de neovanguardia está determinada por la relación entre arte y vida; en
donde el arte deja de ser objeto ajeno al mundo real y, más bien, transgrede
barreras para hacer parte de la vida cotidiana3. Y es en este
punto donde la obra de Davidovich es pertinente, puesto que exposiciones como Imán, Nueva York: Arte argentino de los años
60 -tuvo lugar Buenos Aires, desde el 24 de Julio al 30 de septiembre
2 Hal Foster,
"¿Quién teme a la Neovanguardia?" en El retorno de lo real.
La vanguardia a finales
de siglo, trad. Alfredo Brotons Muñoz
(Ediciones Akal, 2001),
30-35.
3 Foster, El retorno de lo real, 17–23.
del 20104-, en la que su obra fue expuesta,
recapitulan artistas de esta época a la luz de dos velos curatoriales: la
relación arte-vida y el internacionalismo dirigido a Nueva York. A saber, la
relación arte-vida en Davidovich se hace evidente a la luz de la materialidad
de sus obras, puesto que utilizó materiales que pertenecían a esa vida cotidiana; como lo fueron la
arpillera, la cinta adhesiva y los monitores de televisión.
Ahora bien, respecto al contexto,
Davidovich respondió a la tendencia
por usar estos materiales no nobles.
Lo anterior debido
a dos variables fundamentales: la crítica de la época y
el contexto político. De hecho, respecto
a la crítica, la figura
de Jorge Romero
Brest (1905- 1989) marcó la tendencia del arte argentino, especialmente en la década de 1960. Brest, como
figura clave e institucional en el entorno cultural argentino, gozó de un gran
poder de influencia en la movida
artística y parte de sus ideas fundamentales consistían en que los artistas argentinos debían configurar
un lenguaje más internacional, que les permitiera ampliar sus públicos en otras
latitudes5. Y es que después
del peronismo restrictivo, las artes sufrieron
una apertura internacional, pero también la libertad de importar y/o traducir las poéticas artísticas de la posguerra
europea. Como parte de estas poéticas, el collage
fue fundamental para entender las propuestas
de los años 1960, puesto que esta
aproximación artística foránea determinó una relación productiva entre
materiales y prácticas6.
De hecho, esta utilización de materiales
no nobles perduró en la obra de Davidovich, y ejemplo de esto es Blue, Red, Yellow; dado
que la utilización de monitores
y cinta adhesiva
4 Ver Juan
Pablo Correa y Andrés Herrera.
“Ficha técnica de la exposición” de Imán, Nueva York:
Arte argentino de los años 60 (Buenos
Aires: Fundación Proa, 2010).
5 Jorge Romero Brest,
“Introducción a New
Art from Argentina” en Escritos
de vanguardia. Arte argentino de
los
años ’60, ed. Inés Katzenstein (Fundación
Espigas, 2007), 103-107.
6 Andrea Giunta,
Vanguardia, Internacionalismo y Política: Arte Argentino En Los Años
Sesenta (Buenos Aires: Editorial Paidós SAICF,
2001), 120–22.
no hacía parte del canon,
incluso en 1975. La utilización de estos materiales hace evidente la
relación arte-vida propia en las obras
gracias a su materialidad, y, a su
vez, responde a las vivencias de Davidovich, como artista latinoamericano, que
vivió en Estados Unidos. En palabras del artista:
There’s something in the work that makes you Latin American. The fact that I was
using poor, very cheap materials— adhesive tape, the lowest grade videotape, public access format—that shows that I’m
from Latin America.7
Es así que este contexto
internacional determinó la utilización de dichos materiales no nobles en la obra
de Davidovich. Cabe resaltar que el artista tuvo una relación particular con los monitores como material, dado que
mediante este dispositivo electrónico Davidovich logró sintonizar la televisión
estadounidense, que le permitió aprender inglés más fácilmente8.
Y es que él no era el único artista
emigrante en Estados Unidos. Toda vez que en la década de 1960, se dio una
predilección por viajar a Nueva York, como parte de una suerte de peregrinación
artística, donde el artista podría tener acceso a un lenguaje internacional. De hecho,
los artistas argentinos y su arte se direccionaban hacia locaciones foráneas, en gran parte, gracias
al apoyo institucional; por el que Davidovich ganó una beca en 1963 para viajar a Nueva York. Bien menciona Giunta que
[c]oncluidos los tiempos
del aislamiento internacional durante el peronismo, se abría una nueva era para las
relaciones entre Argentina y Estados Unidos, y las imágenes eran leídas en este preciso sentido: como emisarias
de un país transformado y como instrumentos de los nuevos tiempos de la política internacional9
7 Quiles, ed. Jaime Davidovich in Conversation with Daniel R. Quiles, 102. 8 Quiles, ed. Jaime Davidovich in Conversation with
Daniel R. Quiles, 37. 9 Giunta,
Vanguardia, Internacionalismo y Política, 91.
De manera que la video instalación de Davidovich responde a
este fenómeno sociopolítico, no sólo en términos
de su lugar de producción, sino también a la luz de los materiales usados en estas obras.
En este contexto de
internacionalización, es importante hablar de la
abstracción bajo la que considero las
obras aquí abordadas. Esta tendencia estuvo directamente relacionada con
el proceso de internacionalización del arte argentino, pues desde 1946, cuando
el grupo Madí participó en el Salón Nuevas Realidades en París, la abstracción se entendió como el arte que “saltaba fronteras
nacionales”10. Lo anterior debido a que la no figuración propia del arte abstracto
prescinde de conocimientos previos -provenientes de un contexto
en particular- para poder
aproximarse a la obra. De este modo,
se puede hablar de la abstracción
como un lenguaje visual internacional y que el artista, inmerso en esta
tradición, hizo uso de éste mediante sus monocromos.
Ahora bien, estas dos obras de Davidovich
se entienden, a la luz del pensamiento de Mitchell, como exitosas; pues ambas se pueden analizar
bajo la noción de arte abstracto. Lo anterior dado que el autor asevera que la
abstracción es el tipo de arte más exitoso
dado su carácter indirecto (no figurativo) y su aparente indiferencia
frente al espectador. Así, al no haber una imitación figurativa, la obra parece
intentar que el espectador no se involucre11; dado que el
purismo de las formas lo niega12 por
la falta de un dispositivo visual que le permita interpretar, leer o configurar
una narrativa. Pero, la abstracción
es exitosa porque dicha negación del
espectador evidencia, en palabras de Mitchell, el deseo de no mostrar el
10 Giunta, Vanguardia, Internacionalismo y Política, 56–57.
11 W. J. T.
Mitchell, ¿Qué Quieren Las Imágenes? (Buenos
aires: San Soleil Ediciones, 2017), 68.
12 Mitchell, ¿Qué Quieren Las Imágenes?, 70.
deseo13, y con esto se refiere a que la
no-búsqueda del involucramiento del espectador es manifiesta. Sin embargo, es
precisamente esta noción de no-búsqueda la que determina la interlocución de la
imagen con el ambiente14.
Además, la abstracción en Davidovich responde a la tradición concretista que lo antecedía, especialmente,
respecto a la figura del espectador.
Lo anterior debido a que, a mediados del siglo XX, con la revista Arturo: revista
de artes abstractas (1944), se
inauguró el arte concreto en Latinoamérica. Y, con ello, la relación del arte y su público fue re-
imaginada; se le otorgó al espectador
un rol más significativo que en otros tiempos15. De hecho,
Carlos María Rothfuss, uno de los artistas
fundadores de la revista, se refiere
a que la pintura irregularmente
formada, por su naturaleza, impulsa a artistas y espectadores a repensar el límite entre el espacio
virtual del objeto
de arte y el espacio
real de su disposición
espacial16. Esto se debe a que el influjo del arte
concreto europeo derivó en la eliminación del realismo y la imitación, por lo
que hubo un énfasis en la inventiva del artista, ajena a referentes figurativos.
A la vez, el rol del espectador como agente supuso una mirada
desindividualizada, en donde cualquier aspecto fenomenológico de la
experiencia, distinto a la visión, sería evitado17.
De este modo, el concretismo marcó la
pauta en contemplar el rol del espectador para darle significado a la obra. No
obstante, las corrientes posteriores tuvieron en cuenta el rol del espectador
más allá del sentido de la vista18. De manera que, en el
post-concretismo, la
13 Mitchell, ¿Qué Quieren
Las Imágenes?, 70.
14 Mitchell, ¿Qué Quieren
Las Imágenes?, 79.
15 Alexander Alberro, Abstraction in Reverse. The Reconfigured Spectator in Mid-Twentieth-Century Latin American Art (Chicago y Londres: The University of Chicago Press,
2017), 1.
16 Alberro, Abstraction in Reverse, 30.
17 Alberro, Abstraction in Reverse, 1.
18 La Teoria do não-objeto (1959) del crítico brasilero
Ferreira Gullar introduce una nueva ontología, que entiende el mundo
como totalmente material
que implica una
presencia física impactante en el espectador.
obra de arte se empezó
a entender como integral, dado el supuesto
de que la obra sólo puede darse en el encuentro entre el objeto
artístico y el espectador. Alberro,
entonces, introduce su concepto de campo estético, entendido como un lugar de intersección y de
posibilidad a través de la cual el
espectador construye significado, pues ya no
se entiende sólo como receptor netamente visual
y des-corporeizado; ahora
es un sujeto activo y comprometido con un nuevo tipo de atención y encuentro táctil19.
Por otro lado, el surgimiento del monocromo en Davidovich no es
excepcional. Esto se debe a que
alrededor del monocromo, se encuentran artistas como Yves Klein, Lucio Fontana, Ad Reinhardt, Ellsworth
Kelly, Joe Goode,
Pierre Soulages20. A saber, Berne habla
del monocromo en términos de dos herencias: la pureza material y la iconografía espiritual - en este escrito se trata el monocromo de Davidovich a partir de la pureza material-. De hecho, el autor se
refiere a que, indiferente a estas dos herencias, el monocromo determina el fin
de un proceso estético21. Esto se puede entender a partir de la
obra de Davidovich, puesto que él mismo
afirma:
The reason why I was interested in monochromes was the
question of how far you can take a single visual element. How far can you take
it, eliminating elements, until it just becomes nothing?22
Y es en esta eliminación de elementos que se dibuja
el fin de un proceso.
Toda vez que dicha
eliminación progresiva deriva en la nada;
por lo que se hace evidente cómo el monocromo
Este ensayo
de Gullar fue
escrito durante la estadía de Davidovich en Río de Janeiro. Ver Alberro, Abstraction
in Reverse, 190–92 y Sarah
J. Montross, “Cartographic Communications : Latin
American New Media
Artists in New York , Juan Downey
and Jaime Davidovich ( 1960s-1980s )” (PhD diss.,
New York, 2012),
89.
19 Alberro, Abstraction
in Reverse, 2.
20 Ver Terry Berne, “In the Age of the Monochrome”, Art in America 93,
no. January (2005):
98–103.
21 Berne,
“In the Age of the Monochrome”, 103.
22 Quiles, ed., Jaime
Davidovich in Conversation with Daniel R. Quiles, 43.
es
la expresión más abstracta del arte abstracto, la menos legible, la menos
representacional y la más discrepante23.
A saber, en su pizarrón, Davidovich usa el color negro sobre un corte rectangular
de arpillera; lo que hace alusión al fin de ese proceso, pues se evidencia la
negación visual de cualquier componente figurativo. A la vez y
contradictoriamente, el artista traza pinceladas sugerentes y llama a su pizarrón Paisaje de Pampas 1224. De este modo, hace de la temática
de la nada una oportunidad para pensar en la abstracción absoluta de un
paisaje. Y es que Davidovich quería crear experiencias inmersivas que
transportaran al espectador al límite entre reconocer algo figurativo
y no
reconocer nada25. Así las cosas, para Paisaje de Pampas 12, el monocromo se entiende
como un dispositivo que permite al espectador aproximarse a la nada, pero,
a su vez, percibir cierta
sensación atmosférica de paisaje. Esta alusión al paisaje
se puede entender como evidencia de la relación
arte-vida antes mencionada, ya que el espectador, al leer este título familiar,
busca referentes en su repertorio visual-.
Por otro lado, la video instalación de
los colores azul, rojo y amarillo, dispuestos en monocromos a lo largo de los
monitores, evidencian aún más la negación de la narrativa. Y es que, en esa
época, las expectativas alrededor de un monitor de TV consistían en poder
visualizar narrativas, shows o noticias, etc.; imágenes legibles, de algún
modo, coherentes y
23 Angeline
Morrison, “Autobiography of an (Ex) Coloured Surface: Monochrome and
Liminality", en Discrepant Abstraction, Annotating Art’s Histories, ed. Kobena
Mercer (Cambridge MA: MIT Press,
2006), 135. 24 A partir
de una entrevista con Davidovich en Mayo del 2012, Montross nos cuenta que este tipo
de Paisajes derivaban de experiencias de viaje del artista. De manera que una obra como Paisaje de Pampas 12 hace
referencia
a la impresión que genera
la visualización de la ventana
de un tren en movimiento. Lo anterior debido a que el artista, para
esa época, trabajaba a las afuera
de Buenos Aires,
por lo que debía viajar
de noche y en tren para ir y volver a su lugar de trabajo. Ver Montross, “Cartographic Communications: Latin
American New Media
Artists in New York , Juan Downey
and Jaime Davidovich ( 1960s-1980s )”, 90.
25 Montross,
“Cartographic Communications”, 89.
figurativas. No obstante, Davidovich usó los monitores precisamente con el objetivo
opuesto: no contar nada; nada
más allá de la disposición de un
color primario.
En consonancia con lo anterior, el
monocromo se puede considerar un dispositivo moderador del diálogo
obra-espectador. Este diálogo es determinado por el tema de estos monocromos: la nada.
Y esto se debe a que Davidovich contaba con cierta inclinación hacia la nada. Bien afirma el artista: “[t]he
line between something and nothing fascinates me”26. Esta fascinación se
hace evidente en varias de sus obras monocromáticas, en las que se entiende la nada
como la imagen. Aquí, se tiene
como supuesto que la imagen
(image) implica un tema sin
cuerpo propio, aquello que puede aparecer en diversos medios u objetos27. De manera que “you can hang a picture, but you can’t
hang an image”. Así, se hace una
diferencia entre la imagen y el soporte usados por el artista. En el caso de
este par de obras en particular, la imagen sería la nada y el monocromo físico, como tal, sería el soporte
(el dispositivo).
Entonces, el tema de la nada,
soportado en el monocromo, deriva en dicho diálogo obra-espectador. Esto se debe a que el espectador, al enfrentarse con la nada, se
ve frustrado, y su intento por interpretar la obra carece de sentido. De manera que tanto el tema como el
soporte, en estas obras de Davidovich, generan la sensación de carencia28 que, a su
vez, esgrime el campo estético. Así,
el espectador, ubicado en dicho campo, busca
formas -en su repertorio visual- que le den sentido simbólico
a la obra. Dicha búsqueda, no satisfecha, hace de la
interlocución entre obra y espectador inevitable. De manera que, bajo el
concepto de campo estético, la imagen de la nada implica más allá de un símbolo que se lee o interpreta,
26 Quiles, ed. Jaime Davidovich in Conversation with Daniel R. Quiles, 43.
27 Mitchell, ¿Qué Quieren Las Imágenes?, 11.
28 Mitchell, 63.
pues deriva en la experimentación espaciotemporal de los materiales por parte del receptor.
Esta experimentación espaciotemporal radica en que la carencia de referentes visuales lleva al espectador a adherirse a otras variables que le den sentido a la experiencia estética
de estas obras de Davidovich;
como lo son lo material, el espacio y el tiempo.
Por un lado, en el pizarrón, el espectador entiende cierta temporalidad en la obra, pues, a pesar de que la imagen de este monocromo es la nada, la reminiscencia del tren en
movimiento genera la impresión de tiempo de cara al
espectador. Además, los leves trazos
que se pueden identificar en la obra dan cuenta del proceso y el tiempo
que implicó cubrir
de pintura negra esta arpillera. De hecho, en términos más triviales, el
título alusivo a las Pampas motiva al espectador
a darse la idea de un espacio
paisajístico, en el que el recorrido
de su mirada se encuentra confusa, dada la inexistencia
de un referente figurativo. De este modo, el espectador puede encontrar a este
paisaje de Pampa una obra que deriva en frustración, pues la recepción de la obra genera la
sensación de carencia; esa carencia de esperar ver un paisaje y no verlo: la brecha entre
el título y la obra como tal.
Por otro lado, la video instalación hace de la experimentación
espaciotemporal un asunto más evidente, dado que la obra ocupa un espacio
tridimensional; el mismo que el espectador ocupa y puede recorrer. Asimismo, la
reproducción de imágenes en movimiento hace manifiesta la variable temporal;
donde, a diferencia del pizarrón -en
el que el proceso se evidencia mediante su rastro o huella-, la obra hace las veces de documentación del
proceso. Dicho proceso se limita a la construcción del monocromo, a la construcción de la nada. En este caso, la noción
de carencia radica en que el
espectador, al enfrentarse a esos monitores
transmitiendo monocromos en construcción, no logra construir una narrativa clara
o típicamente televisiva. Sin embargo,
su familiaridad del espectador con el medio
evidencia, nuevamente, la relación arte-vida.
Asimismo, el artista no sólo transgrede
lo que se espera en términos temáticos, sino también en términos de soporte.
Por un lado, el uso de la cinta adhesiva, como material
industrial, ya es de por sí inesperado, pero lo que es más
contundente para el espectador es el uso de los monitores. Lo anterior debido
a que éste se enfrenta
a un uso descontextualizado
de un objeto sacado de la vida
cotidiana: los monitores. Y es que
lo típico alrededor de la cultura de consumo de un monitor es la televisión, que supone el uso de un
único aparato dispuesto en una posición, de cierta forma, cómoda para el televidente. Pero, Davidovich usa los monitores
a la luz de prácticas disruptivas: simultaneidad de transmisión de las imágenes en distintos tiempos;
multiplicidad de aparatos juntos; y posición incómoda de cara al espectador, debido a la disposición en forma de paredón de lso
monitores. De este modo, el soporte
junto a la temática de la video instalación derivan en la
sensación de carencia por parte del espectador.
En ambos casos, la obra de arte hace las veces de un sujeto inmerso en una
relación dialéctica con el espectador; y no simplemente como objeto de
observación, pues el espectador no
sólo observa la obra, experimenta sus componentes constitutivos. De manera que la obra de arte, bajo las variables
tema, tiempo, espacio
y materialidad, genera un entorno o
campo estético. Al respecto
y refiriéndose al uso del monocromo en su repertorio artístico, Davidovich afirma: “I used monochromes to influence
the surroundings… [y]ou are not involved in the regular composition of one
color against the other, so the composition becomes the whole environment”29. Y es que las variables que configuran la composición de
29 Quiles, ed. Jaime Davidovich in Conversation with Daniel R. Quiles, 43.
la obra son las que hacen del espectador un agente inmerso
en este entorno (campo estético),
en el que se vuelve objeto receptor de la
agencia de la obra. Dicha
agencia es la que logra generar en el
espectador una experiencia de carencia.
Así las cosas, en ambas obras,
el monocromo como dispositivo genera
un campo estético específico,
que el espectador habita. Pero, la generación
de este campo no es fortuita. En
primer lugar, el monocromo, mediante su materialidad no noble -dado
el influjo de tendencias
internacionales como el collage- genera
en el espectador la sensación de cotidianidad por su relación arte-vida. En las
obras esto se hace evidente, por un
lado, con la alusión al paisaje mediante
los trazos sugerentes y el uso de la arpillera en vez de lienzo y, por otro lado, el uso de monitores de televisión y cinta
adhesiva. Ambas obras evidencian un uso descontextualizado de los materiales para llevarlos a la obra de arte; lo que, entonces, genera en el espectador cierta
familiaridad con la obra.
En segundo lugar, el monocromo en
Davidovich, mediante su temática de la nada
-en acción diferida de los
monocromos de Rodchenko y en continuación con la tradición del monocromo como
fin de un proceso-, no sólo niega la figura del espectador, sino que configura
la sensación de carencia en éste, y
por lo tanto, estará en una constante búsqueda de sentido en la obra dada la
ausencia de referentes figurativos. En las obras, la nada es tratada como la image
que se reproduce, ya sea en el soporte de la arpillera o en el soporte de
los monitores. Entonces, ambas obras hacen una declaración manifiesta de su
tema: la nada; ajena a
interpretaciones.
Entonces, gracias al dispositivo del
monocromo, cuando el espectador se encuentra con soportes familiares que
representan la image de la nada,
se genera el campo estético. En el que la obra direcciona al espectador a buscar sentido
en variables como el tiempo
o el espacio.
En ambas obras, al toparse con estas variables, el
espectador continúa carente de
sentido, pues tanto la espacialidad del pizarrón como
la temporalidad de la video instalación no logran dar una
guía o una conclusión al que experimenta la obra.
Finalmente, lo anterior habla de cómo el monocromo hace de las obras de Davidovich una experiencia, más allá de un objeto interpretable a los ojos de un sujeto. Esto debido a que no hay un significado legible, sino más bien un efecto sujeto a ser experimentado. Y dicho efecto no tendría lugar sin la existencia de ese campos estético donde se intersectan las variables de materialidad, temporalidad, espacialidad y temática. De manera que, el significado de la obra de arte ahora está determinado por lo que la misma obra hace como agente al espectador30, pues sin éste, la generación del campo estético no sería posible.
30 Alberro, Abstraction in Reverse, 62.
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