Arcimboldo en medio de intercambios
globales: una aproximación desde dos de sus cabezas compuestas
Giuseppe Arcimboldo (1527-1593) fue un
pintor, dibujante y diseñador de tapices milanés, activo en Italia, Austria y
Bohemia, principalmente. Trabajó para la corté de Fernando I, Maximiliano II y
Rodolfo II. Su fama se la debe, principalmente, a sus cabezas compuestas[1], debido a la fortuna crítica con la
que contó a inicios del siglo XX, especialmente, gracias al auge del
surrealismo. No obstante, el objetivo en este texto es hablar de dos de sus
cabezas compuestas a la luz de los intercambios globales dados en el
Renacimiento[2]. De este modo, evidenciaré cómo las
redes globales establecidas por la familia Habsburgo -desde el coleccionismo,
lo natural, lo exótico y la cultura cientificista cortesana - determinaron la
configuración temática y formal de las cabezas compuestas creadas por
Arcimboldo . Para esto tomaré como ejemplos la Alegoría a la tierra (1566)
y Retrato de Rodolfo II como Vertumnus (1590), y las analizaré a partir
de una descripción formal y el estudio de su contexto de producción.
En primer lugar, la Alegoría
a la tierra es una de las cabezas compuestas creada por Arcimboldo, que
configura una suerte de retrato constituido a partir de seres
pertenecientes al reino animal. Esto animales fueron estratégicamente
dispuestos para crear la ilusión de un retrato, de manera que su
individualidad como figuras que hacen parte de un todo se ve adaptada a un
marco visual antropomorfo. Esta obra hace parte de una de las series pictóricas
creadas por Arcimboldo, la cual fue denominada como Los elementos y fue
presentada a Maximiliano II en 1566. Por otro lado, Arcimboldo también fue
artista de la corte de Rodolfo II, quien, para Kaufmann, determinó el punto más
alto del coleccionismo Habsburgo mediante sus Kunstkammers[3]. Y fue en este período en el que una
de sus cabezas compuestas más famosas fue creada: el Retrato de Rodolfo II
como el dios Vertumnus.
En ambas cortes, tanto en la de Maximiliano II
como en la de Rodolfo II, el fenómeno del coleccionismo se desarrolló más allá
de la tradición en la que estos gobernantes estaban inmersos. Bien menciona Alan
Shelton cómo antes del Renacimiento lo importante para los coleccionistas "were
curiosities, rare or near-unique phenomena that were thought to have resulted
from some exceptional condition or circumstance". Sin embargo, los
coleccionistas renacentistas, como estos dos gobernantes, dieron luces de cómo
su actividad esgrimió intenciones más allá de la idea de curiosidad[4]. De hecho, Kaufmann asevera que la imaginería y
simbolismo en las colecciones de Maximiliano II determinaron la noción de
macrocosmos. Y con esto la noción de poderío sobre el mundo por parte de los
Habsburgo se hizo evidente a la luz de las colecciones y sus objetos, que
reflejarían así las correspondencias entre macro y microcosmos. Teniendo esto en cuenta, Kaufmann, refiriéndose a
las cabezas compuestas de Arcimboldo, afirma que este tipo de obras también participaron
en reforzar la visión de macro y microcosmos de las Kunstkammer[5] y
por tanto sus ínfulas de poder.
Al respecto, es necesario hablar de
ambas obras en términos de macro y microcosmos a la luz de su configuración
visual. En cuanto a la noción de microcosmos, tanto la Alegoría a la tierra
como el Retrato de Rodolfo II están compuestas a partir de varios elementos
que gozan de individualidad, puesto que cada uno de ellos puede ser reconocido
desde la visión de un espectador desprevenido. Con esto, quiero hacer claridad
sobre cómo estos elementos en su individualidad se autodeterminan mediante sus
características formales y, a su vez, hacen parte de un todo completo y cerrado.
Es por esto que "[t]he belief that a parallel existed between macrocosm
and microcosm also underlay the basic conception of many of Arcimboldo’s
composite heads... [i]n these pictures the greater world or universe, the
macrocosm... is represented in the microcosm of a head"[6]. Es
decir que en cada una de estas cabezas compuestas se representa un universo de
múltiples elementos que, al disponerse visualmente en conjunto, determinan un
microcosmos: la cabeza de un ser humano.
Por un lado, los elementos que componen la Alegoría a la tierra se
reconocen como animales, o partes de animales, gracias a las pieles, los
músculos, los rostros, los ojos, los cuernos, entre otras características. Por
otro lado, los componentes del Retrato de Rodolfo II se pueden
identificar como plantas, verduras, frutas, cereales, flores, entre otros
elementos pertenecientes al reino vegetal. En ambos casos, los elementos
constitutivos de cada cabeza hacen parte del mundo natural, y la
consciencia del espectador, respecto a la individualidad de cada uno, se debe
al realismo, minuciosidad y detalle con las que Arcimboldo configuró sus
colores, texturas y sus fisonomías.
Dicho realismo no fue fortuito. La técnica de representación del natural
evidenciada por Arcimboldo ha sido puesta en términos de ilustración científica[7]. En
este punto, es importante resaltar que el reconocimiento de la gran diversidad
del mundo animal y vegetal fue uno de los logros específicos de la historia
natural del Renacimiento, por lo que las descripciones verbales y visuales
hechas con precisión fueron fundamentales[8]. Y
es que el detalle con el que el artista creaba las figuras corresponde con la
intención cientificista de ejercicios concienzudos de observación del natural
o, incluso, de copia de otras ilustraciones científicas. Esto explica por qué
los naturalistas rápidamente comprendieron que, al igual que los retratos, la
representación de la fauna y la flora implicaba cuestiones complejas alrededor de lo catalogado como arte y la habilidad
de representar [9].
Por ejemplo, en la Alegoría de
la tierra, en la parte superior izquierda de la cabeza compuesta se pueden
identificar algunas criaturas con cuernos como ciervos o alces. Este tipo de
criaturas corresponden formalmente con dos dibujos atribuidos a Arcimboldo (Ver
Figura 1 y 2) creados en el mismo año de la Alegoría 1566. Ambos evidencian
un estudio del natural y fueron atribuidos a Arcimboldo gracias a
documentos pertenecientes a Ulisse Aldrovandi[10].
En el caso del Retrato de Rodolfo II, configurada por elementos
del reino vegetal, también se pueden evidenciar correspondencias con los
dibujos, así como en la Alegoría. El detalle con el que ha sido
representada la naturalia de este retrato constata antecedentes en
estudios en papel de, por ejemplo, flores y de frutas (Ver Figura 3 y 4). De
hecho, estos grupos de imágenes, por lo general, fueron ensambladas durante el
reino de Rodolfo II y se les denomina Musaeum o el Bestiario de
Roldofo II, actualmente en Viena[11]. No
obstante, el hallazgo de este tipo de estudios o dibujos atribuidos a
Arcimboldo en otras ciudades, como Dresde y Bolonia, hace manifiesta la
circulación de este tipo de dibujos entre las cortes[12]. Así,
se infiere que el Retrato y la representación de la vegetación en él son
producto de los estudios cientificistas hechos previamente por Arcimboldo.
De este modo, y a pesar de
la configuración de las figuras como retrato, se puede aseverar que, así
como los dibujos, la Alegoría y el Retrato están enmarcados por
intenciones cientificistas de representación. Cabe resaltar que, a pesar de que
las obras podrían ser consideradas burlas de las personas retratadas[13] a razón de su composición, durante el
Renacimiento, la relación entre las demostraciones humorísticas y las
científicas eran comunes. Estas demostraciones determinaron la dinámica entre arte
y naturaleza, pero también el coleccionismo como fenómeno que implicaba ciertas
audiencias a las colecciones respectivas. Dichas audiencias serían, entonces,
entendidas como espectadores de un “espectáculo de la ciencia”, que contaba con
humor y juego[14].
De hecho, los naturalistas
de la época consideraron los lesus scientiae -las bromas científicas-
como elementos clave para la lectura eficaz de la naturaleza, dado que estas
bromas creaban correspondencias entre la complejidad de la naturaleza y el
artificio que implica la humanidad (el espectador)[15]. En palabras de Findlen “[s]cientific
jokes clearly demonstrate the new role of observation in early modern science,
and what the naturalists and collectors of the period observed was playful”[16]. De este modo, el juego y el humor
con el que fueron compuestas estas obras, además de no considerarse
ofensivo, evidencia las intenciones retóricas de Arcimboldo, puesto que la relación
entre lo científico y el humor permitirían un acercamiento más próximo a los
espectadores cortesanos y los coleccionistas.
Respecto a lo científico, es importante
mencionar al naturalista y anticuario Ulisse Aldrovandi (1522-1605),
dado que él fue uno de los impulsadores del auge de lo natural y su estudio mediante el dibujo y su prolífica producción
científica, a final del siglo XVI y el siglo XVII. Aldrovandi realizó doce
tratados de ciencias naturales, de los cuales cuatro fueron publicados cuando
él aún estaba vivo. Cabe resaltar que antes del Renacimiento, Italia ya contaba
con una larga tradición de coleccionismo de lo natural, sin embargo, para este período, el fenómeno humanista
catapultó esta actividad; de manera que lo
natural se convirtió en objeto de investigación en las universidades de
Pisa, Padua y Bolonia, y en las cortes italianas[17].
Para la década de 1560, década durante la cual
Arcimboldo creó su Alegoría a la tierra (1566) para Maximiliano II,
Aldrovandi representaba la Universidad de Bolonia y su comunidad científica.
Los estudios de este intelectual se difundieron por Europa Central y fueron
punto de referencia para la sociedad letrada de la época. Bien
afirma Findlen: "[d]uring Aldrovandi's own lifetime, contemporaries
expressed their awe at his ability to amass natural objects"[18]. Así, dadas las conexiones cortesanas, la fama del artista
y el auge de lo natural, se esclarece el contacto de Arcimboldo con
dicha comunidad científica, especialmente, con Aldrovandi, puesto que, como se
mencionó antes, gracias a este científico y su legado se han podido atribuir
una gran cantidad de dibujos a este artista.
De hecho, la correspondencia entre Aldrovandi y
Franciscus de Paduanis[19] evidencia el involucramiento de Arcimboldo en el gran
proyecto cientificista de la historia natural. En una de las cartas que De Paduanis
escribió a Aldrovandi (1585) -sobre unas imágenes que fueron preparadas para
él-, De Paduanis escribe que "he has obtained from Giuseppe Arcimboldo da
milano (Josepho Arcimboldo Mediolanense), first painter of the emperor, images
of many birds and quadrupeds" y que, además, estas imágenes fueron
trazadas con colores[20] ad vivum (tomados de la realidad). Asimismo, en
otra carta, De Paduanis "indicates that Aldrovandi was happy with the
drawings of the animals and cranes that he had sent"[21].
Al respecto, es necesario resaltar que, en este
contexto, los Habsburgo no sólo promovieron el desarrollo de la ciencia, sino
también líneas de comunicación duraderas que determinaron relaciones intelectuales
-como lo vimos con el intercambio de cartas entre De Paduanis y Aldrovandi-, personales,
familiares y políticas. Dichas líneas de comunicación, a pesar de la existencia
de la imprenta, se establecieron, principalmente, mediante correspondencia.
Así, este medio de difusión, a través de la réplica de cartas o a través de las
notas al margen en las copias de un mismo tratado científico, estableció un
ambiente de intercambio de conocimiento científico entre cortes a lo largo del
Renacimiento[22].
Así mismo, le humanismo promovió la figura del
gobernante culto más allá del coleccionismo, por lo que “[p]atrons, responsive
to the dictates of humanist culture that showered accolades upon a cultured
ruler… [t]hey achieved recognition as "prince-practitioners" and
"prince-savants," rulers capable of understanding the connections
between learning and power”[23]. Es decir que el humanismo, alrededor de la ciencia, no
fue restringido a los intelectuales; por el contrario, el conocimiento, su
práctica y su posesión determinarían claras muestras de poder
político por parte de los gobernantes. De hecho, no sólo las pinturas acá
analizadas fueron creadas en el contexto de producción cortesano, sino que la
mayoría de las ilustraciones científicas atribuidas a Arcimboldo fueron hechas
durante su estadía en la corte Habsburgo[24], en la que Rodolfo II se dio a conocer, en gran parte, por
ávidez de conocimiento y de arte.
Así, al relacionar dicho poder político con la
comunidad científica de la época, se encuentran Maximiliano II y su hijo
Roldolf II, no sólo por la circulación de los conocimientos científicos
promovida por Aldrovandi, sino también por su rol de Emperadores del Sacro
Imperio Romano. Dicho rol implicaba, entonces, un vínculo necesario con Roma, con
los gobernantes italianos de la época y las cortes pertenecientes y vinculadas al
imperio (Ver Figura 5). Entre estos múltiples vínculos, el imperio también se
estableció en la ciudad de Milán, puesto que desde 1521, las tropas de Carlos V
reclamaron Milán para los Habsburgo[25]. Al respecto, es importante mencionar que Arcimboldo, a
pesar de haber pertenecido y viajado entre cortes de Europa central, nació en
Milán en 1527 y murió, aproximadamente, a los 66 años en 1593, en la misma
ciudad[26]. De manera que no sólo el auge del cientificismo explica las
ilustraciones científicas de Arcimboldo, pues sus raíces y formación
lombardas lo ubican en medio de una tradición leonardesca que implicaba
minuciosa atención a la representación de flores, frutas, árboles y otros
objetos que se encuentran en la naturaleza; en especial, los rostros humanos[27].
Esto es aún más claro al notar que Arcimboldo
se relacionó con Ambrogio Figino[28], quien fue un fiel seguidor de las enseñanzas de Leonardo
Da Vinci, especialmente, en la configuración de retratos, puesto que los
aprendices de Da Vinci en Milán se enfocaron, en su mayoría, a la composición
de rostros y cabezas. Para estas composiciones, Da Vinci introdujo un método de
dibujo enfocado en la observación de la realidad; en particular, la
representación de objetos tridimensionales. Y es en este punto en el que Marani
pone foco sobre la noción de retrato, dado que "[t]here is a clear
relationship between the practice -praticha- of drawing and the rendering of
heads, which Leonardo himself then refers to as portraits -ritratti-"[29]. De este modo, teniendo a Figino como mediador, Arcimboldo
hace manifiesta no sólo la observación del natural como tradición
milanesa, sino también la configuración minuciosa de retratos[30].
En este punto es importante mencionar que
Figino y Arcimboldo son los artistas protagonistas de la única obra del poeta y
escritor italiano Gregorio Comanini: sus diálogos con Stefano Guazzo, Ascanio
Martinengo y el propio Figino. Estos diálogos hacen las veces de un tratado, se
han denominado como Il Figino o Sobre el propósito de la
pintura y fueron publicados en 1591 en Milán, cuando Arcimboldo ya había
vuelto de la corte a la ciudad (1587)[31]. En este tratado, Comanini, además de evidenciar las
sensibilidades artísticas de la época, determina la imitación como el
fin último de la pintura. Dicha imitación tipificada de dos maneras; por un
lado, la imitación de la icástica (de la naturaleza) y, por otro, la
imitación fantástica. Cabe resaltar que Arcimboldo, después de salir de
Praga, perteneció a un círculo de intelectuales en Milán, de cual Gregorio
Comanini era parte[32].
En relación con las nociones de imitación icástica y fantástica[33], en este tratado se parte de lo icástico y lo fantástico planteado
por Platón en El Sofista. Por lo que el
académico Stefano Guazzo, en uno de los diálogos con Comanini, aclara
"[i]n The Sophist he says that imitation is of two types: the first he
called resemblance or icastic, and the other fantastic. The first imitates
things that are, and the second represents things that do not exist"[34]. Y es que Platón asevera que alguien se puede denominar un
artista icástico cuando produce la
imitación siguiendo las proporciones del original en longitud, amplitud y
profundidad, además de usar los colores apropiados en cada parte. Mientras que
un artista fantástico abandona la
verdad y no le da a las figuras las proporciones reales, sino aquellas que
parecen ser hermosas[35].
Es así que las cabezas
compuestas creadas por Arcimboldo evidencian dichas nociones. Por un lado, su imitación
fantástica radica en la configuración de cabezas humanas irreales a
partir de otros objetos sacados del mundo natural; en el caso de la Alegoría
a la tierra, a partir de animales, y en el caso del Retrato de Rodolfo
II, a partir de vegetación. Así, la composición visual de estas cabezas no
sólo evidencia la carencia de verosimilitud, sino un acto deliberado del
artista por prescindir de la verdad en término retratísticos. A pesar de lo fantástico
de sus cabezas compuestas, estas obras evidencian un estudio anatómico
minucioso, dado que el artista logra configurar y diferenciar los músculos del
rostro, lo que permite al espectador identificar los rasgos humanos de estos
retratos.
Los estudios anatómicos que implicaron la
creación de estas cabezas también delatan una dimensión psicológica de cada una
de las partes del rostro. Por ejemplo, Figino, refiriéndose al elefante en la
mejilla de la cabeza compuesta Alegoría de la tierra, aclara “[t]o form
the cheek, where shame resides, he has chosen the elephant. Pliny writes in the
eighth book of the Natural History that the elephant's sense of shame is
extraordinary: if defeated, it flees the voice of its victor, and it never
couples with the female in public, but only in places where it will not be seen”[36]. De manera que la
escogencia de especies para la composición de los músculos faciales no fue
azarosa; por el contrario, parece que Arcimboldo estaba muy consciente de los
afectos humanos en relación a su corporeidad, especialmente, en el rostro. Así
las cosas, la variable fantástica de Arcimboldo evidente por el comprimido
de objetos para formar un retrato no es del todo fantasiosa, puesto que
para lograr la imitación fantástica tuvo que estudiar la anatomía facial
juiciosamente.
En cuanto a la imitación icástica, Arcimboldo
no sólo evidencia un ejercicio minucioso de observación del cuerpo humano inmerso
en la tradición leonardesca, sino también el estudio de las proporciones y
colores de las especies que utiliza para configurar sus cabezas. Los estudios
de las especies que ilustraba, más allá de responder a los intentos cientificistas
de Aldrovandi, se explican a partir del contexto cortesano al que Arcimboldo
pertenecía y, mediante el cual, el artista tuvo acceso directo a especies
propensas a ser dibujadas. Por ejemplo, el elefante en la Alegoría a la
tierra puede hacer alusión al elefante que tuvo de Maximiliano II en su
corte[37].
La imitación icástica o realista de las
especies, atribuida a Arcimboldo, no sólo fue fenómeno de la corte de
Maximiliano II; Rodolfo II continuó con estas prácticas coleccionistas a las
que especies vivas de fauna y flora no eran ajenas. A saber, “Aldrovandi’s
papers in Bologna include lists of drawings of creatures depicted at the
imperial court in Prague; they were taken from the royal gardens, which are
said to have contained various plants that came from Italy, Spain, and other
far-of places”[38]. De
esta manera, se esclarece cómo los estudios de la naturaleza, consignados en
sus dibujos, son evidencia de las especies existentes en la corte y en sus jardines
reales. De hecho, después de que Rodolfo II estableciera su residencia en Praga
en la década de 1580, gradualmente rediseñó, redecoró y amplió sus jardines en
el Palacio de Hradcany[39],
lo que se convirtió en una de las colecciones más grandes e importantes de la
historia europea. Los terrenos incluían una guarida de leones, un aviario, un
foso drenado para contener a los ciervos y jardines formales[40].
De este modo, desde lo icástico y
lo fantástico, se entiende que, en el
diálogo con Comanini, el eclesiástico Ascanio Martinengo admita que:
Arcimboldo has an extraordinary imagination, the function of which is
to receive impressions carried from the external senses, retain them, and
combine them. He unites the images of visible things and transforms them into
strange inventions and images never before created by the power of fantasy. He
makes anything he wants to make by skilfully joining things that seem
impossible to link[41].
Por lo que es
claro que, en el tratado de Comanini, la figura de Arcimboldo cuenta con ambos
tipos de imitación en su repertorio artístico, especialmente, en sus
cabezas compuestas. Es así que Guazzo, refiriéndose
al Retrato de Rodolfo II, asevera que esta obra ejemplifica
ambos tipos de imitación, puesto que los vegetales, las frutas y
las flores son tratados de manera realista, pero son usadas para crear retratos
fantásticos. Por lo que Guazzo categoriza a Arcimboldo como un
"pittore fantastico"[42].
En consonancia con lo anterior, y teniendo en
mente que Arcimboldo accedió, en su mayoría, a las especies que dibujaba, es
importante hablar del rol del artista como artista viajero comisionado
por la corte -que permitió reforzar aún más dicha imitación icástica a
partir de la observación-. Entonces, su importancia en la corte iba más allá
del arte y la pintura, puesto que, por ejemplo, en 1582 fue enviado por Rodolfo
II a Kempten, Alemania[43], con el objetivo de adquirir antigüedades, animales y aves
maravillosas del Nuevo mundo. Este encargo se puede entender como un
síntoma de la confianza rudolfina otorgada al artista; dados sus conocimientos
del anticuario y de lo natural. Esta confianza no sólo le permitió
adquirir un título de nobleza en 1580[44], sino apoyar la configuración del gusto cortesano, puesto
que las elecciones y compras de los objetos estarían determinadas por el juicio
estético de Arcimboldo[45].
Pero esta confianza no fue casualidad, pues “drawings
that can now be attributed to Arcimboldo indicate that he had already become
familiar with many “exotic” animals and birds, including creatures from the New
World[46]. Es decir que su conocimiento de lo natural no fue
improvisado y el artista no sólo contaba con conocimientos de la fauna y flora
local, sino también de lo perteneciente a contextos foráneos. De hecho, a pesar
de que la mayoría de los animales y aves dibujados por Arcimboldo no eran
europeos, criaturas con cuernos como los alces o ciervos mencionados
anteriormente también eran considerados exóticos. Lo anterior debido a que
dichas especies se encontraban, mayoritariamente, en los países nórdicos;
lejanos de Europa Central o Italia. Se denominaban, entonces, como maravillas
del norte[47].
En este punto es importante hablar de la noción
de maravilloso en el Renacimiento, especialmente, en relación con las
expresiones artísticas y la creación de conocimiento -Comanini determinó a
Arcimboldo como creíble maravilloso[48]-. Lo anterior debido
a que lo maravilloso se pensaba como el propósito de la poesía, pero
también como el comienzo de la filosofía (como lo había formulado Sócrates).
Asimismo, la conceptualización teórica de lo maravilloso fue reforzada
por los grandes descubrimientos geográficos que caracterizaron este período, ya
que dicho concepto se entendería como un agente de apropiación[49]. Es decir, lo maravilloso como un agente mediador
que permitiría al colonizador eurocentrista apropiarse del otro. Así,
los viajes y la exploración de tierras lejanas ofrecieron más que placer o la
satisfacción de la curiosidad, también fueron parte de lo maravilloso y
se esperaba que así brindaran una explicación más exhaustiva del mundo[50].
A partir de esto, Greenblatt describe la
estética renacentista de lo maravilloso a la luz de varias categorías
estéticas alrededor de lo que puede ser un objeto maravilloso -objeto
que evidencia haber pasado por grandes dificultades; es una mezcla entre azar y
creación humana; es espectacular dado que es inesperado y extraordinario; se
asocia con pasiones y descubrimientos; concilia entre la unidad y la variedad;
entre otras[51]-. Y es bajo estas categorías estéticas que las cabezas
compuestas de Arcimboldo se enmarcar: son inesperadas y extraordinarias; hablan
de pasiones en términos afectivos por la configuración estratégica de los
músculos faciales; evidencian los descubrimientos de lo exótico debido a su
observación de las especies catalogadas de este modo; y delatan unidad en una
cabeza y variedad por los múltiples objetos entendidos como partes de esa
cabeza compuesta.
Alrededor de esta estética de lo maravilloso
en el Renacimiento, el pensamiento de Plinio fue acogido, puesto que
entendió lo natural “as everything in the world worthy of memory”[52]. De hecho, el estudio de lo natural se abordó desde
aproximaciones como la de Plinio de las que se destaca el gran trabajo
realizado por Aldrovandi[53]; con esto se entiende que lo maravilloso, desde lo
espectacular, inesperado o extraordinario, merece ser recordado, y que lo natural
estudiado por Aldrovandi no era ajeno a esta categorización. Es por esto
que “observers of New World flora and fauna remarked that their marvelous
properties made it more possible to believe Pliny”. Es así que lo planteado por
Plinio, en el contexto de viajes y descubrimientos europeos, determinó la
manera de entender las novedades descubiertas[54].
En este contexto de viajes y, por tanto,
intercambios, es importante hablar de cómo las relaciones familiares y
diplomáticas fueros mediadas por la noción de lo maravilloso. Como
se mencionó antes, la figura del artista colaboró en este proceso mediante las
compras y los viajes comisionados. Sin embargo, estos viajes no hubiesen sido
posibles sin las redes de circulación a lo largo del imperio. Estas redes
determinaron el fenómeno de circulación de maravillas traídas de tierras
lejanas. Al respecto, la red de la familia Habsburgo, mediante los matrimonios,
acercó a Lisboa y a Madrid con las cortes imperiales de Bruselas, Viena y Praga
en el siglo XVI, por lo que las relaciones familiares fueron fomentadas a pesar
del tiempo y la distancia. Esto fue posible mediante correspondencia -como se
mencionó anteriormente-, relaciones diplomáticas y el intercambio de
importantes y costosos regalos, muchos de los cuales fueron importados desde
Asia[55].
Estos viajes fueron, en gran parte,
posibilitados por avances importantes del siglo XV en tecnología para la
navegación. Así, se fomentó el intercambio de bienes de lujo como seda,
porcelana, piedras preciosas, plata, maderas aromáticas, productos exóticos
como el ambergris, entre otros[56]. Este flujo internacional de productos marcó el desarrollo
temprano de una economía global, en la que los mercados de Asia, Europa y las
Américas desarrollaron vínculos complejos[57]. De hecho, Lisboa se convirtió en sinónimo de todas las
novedades y rarezas importadas: animales foráneos, plantas y semillas raras,
esclavos negros y amerindios, entre otros objetos preciosos[58].
En particular, Catalina de Austria, Reina
consorte de Portugal (1525-1557), tuvo acceso a los objetos exóticos y raros
gracias a su residencia en Lisboa como esposa de Juan III de Portugal. Lo que
permitió a los miembros de la familia Habsburgo la oportunidad única de pedir y
recibir productos y curiosidades de origen foráneo. Incluso después de la
muerte de Catalina, en 1580, Felipe II de España anexó Portugal y sus
territorios extranjeros. Es por esto que existe evidencia clara de la
circulación de este tipo de objetos. Una publicación reciente del Archivo
General de Simancas, en Valladolid, España, confirma el flujo y tráfico regular
de productos asiáticos entre Madrid, Lisboa, Viena, Praga, Graz, Múnich y
Bruselas, entre otros, hasta 1615[59].
Este flujo de productos no sólo explica el
acceso directo que tuvo Arcimboldo para la creación de sus dibujos y pinturas,
sino el auge del fenómeno coleccionista en la que varios de los gobernantes
europeos estaban inmersos. El coleccionismo aumentó, también, a razón del
intercambio de regalos, que se convirtió en el centro de la actividad
diplomática de la época[60]. De hecho, "[e]n 1572, el emperador Maximiliano II
manifestaba su satisfacción al saber que Juana de Austria [sobrina y nuera de
Catalina] había escrito a Portugal para procurar "cosas extrañas"
para él"[61] A saber, durante el Renacimiento, muchos de los Habsburgo
se convirtieron en coleccionistas obsesionados por los objetos foráneos -especialmente
asiáticos-, al aprovechar sus conexiones familiares para adquirir lo mejor y
más novedoso en el mercado para su propio consumo y sus Kunstkammer[62].
Esta
circulación de objetos provenientes de otras latitudes determinó el exotismo,
que se convirtió en un escape de la normalidad, una oportunidad de abrazar
otros modos de ser y de transgredir barreras entre lo nativo y lo foráneo, la
realidad y la fantasía[63]. Al retomar la Alegoría a la tierra, es importante
evidenciar cómo esta obra es síntoma de dicho exotismo, puesto que muchos
de los animales allí representados habían llegado desde otras partes del mundo
para habitar la corte de Maximiliano II, incluyendo el elefante enviado a él en
1552, un rinoceronte, un antilope indio, monos, un león, un dromedario,
leopardos y tigres, entre otros[64].
Pero, además, la noción de propiedad alrededor
de estos objetos legitimaría, entonces, el poderío de los Habsburgo. De hecho,
la identidad de esta familia se enfocaba en el culto de su dinastía y su
significancia como familia gobernante. Así, el intercambio de regalos exóticos
y rarezas reforzó las ínfulas de poder global, que, a su vez, enaltecerían la
noción de un colectivo familiar[65]. Se entiende, de este modo, la creación y posesión de las
cabezas compuestas de Arcimboldo, pues están constituidas a partir de las
representaciones de esta flora y fauna exóticas, que así reforzarían la idea de
magnificencia detrás de la adquisición de todos estos productos. Dicha
magnificencia proporcionó una base intelectual para la recolección al hacer que
los gastos en las artes se convirtieran en una forma de virtud cívica[66].
Para concluir, se puede evidenciar
cómo las cabezas compuestas creadas por Arcimboldo, en particular, la Alegoría
de la tierra y el Retrato de Rodolfo II, reflejan la noción de micro
y macrocosmos también presente en las colecciones reales de los Habsburgo. Lo
anterior dado el microcosmos que implica comprimir visualmente objetos que
pertenecen al mundo natural en un marco antropomorfo; y macrocosmos dado que se
evidencia la intención universalista de disponer la mayor cantidad de figuras o
especies posibles. De este modo, a partir de la configuración formal de las
obras, el espectador percibe el todo y sus partes de manera panorámica.
Esta percepción panorámica
está directamente relacionada con el fenómeno del coleccionismo, pues se podría
afirmar que las cabezas compuestas de Arcimboldo son un tipo de Kunstkammer hecha
pintura. Pero esto no sólo se debe a su configuración formal. Los objetos que
el artista usaba para configurar sus cabezas también pueden considerarse
curiosidades típicas de las Kunstkammer, dado que la mayoría de las
especies y objetos naturales representados por Arcimboldo cumplían con el gusto
exótico cortesano de la época. Este gusto se vio reforzado por las especies
foráneas en circulación a lo largo y ancho de Europa, dadas las conexiones
familiares entre los Habsburgo, especialmente, por la figura mediadora de
Catalina de Austria.
Respecto a la circulación,
se evidenció que tanto los regalos diplomáticos recibidos en la corte como los
viajes comisionados para Arcimboldo fueron vehículos de observación, debido a
que permitieron al artista tener acceso directo a los objetos. Esta observación
directa facilitó la incursión del artista en el mundo de la ciencia, dado que
para la época uno de los objetivos principales de la comunidad científica era
la descripción. Así, se entiende la minuciosidad de los dibujos y pinturas del
artista, que evidencian un manifiesto intento por hacer de las especies
representadas lo más verídicas posibles -imitación icástica-. Asimismo,
la creatividad determinante a la hora de crear estas cabezas compuestas fue
imprescindible para entender cómo este artista componía a partir de objetos del
natural. A pesar de que esto lo llevó a ser catalogado como un artista fantástico,
sus composiciones no eran en absoluto azarosas, dado que la retratística
detrás de la configuración de estas obras delata sus estudios sobre la
fisonomía humana, especialmente, la facial -inmerso en la tradición milanesa
determinada por Da Vinci-. A partir de esto, se entiende porqué se denominaba a
Arcimboldo como un artista creíble maravilloso, pues combinaba su
estudio juicioso de la fisonomía de los objetos y de los rostros, pero, a su
vez, abordaba en sus obras lo maravilloso y lo exótico.
Pero, la circulación de la
ciencia y el conocimiento entre cortes también fue primordial para que los
dibujos de Arcimboldo tuviesen acogida, especialmente, para Aldrovandi. Los
gobernantes cultos alrededor de la ciencia promovieron, entonces, aún
más la circulación, no sólo de los objetos exóticos, sino de los dibujos y
correspondencia científicos. Esto lleva a entender otra dimensión del poder
basada en el conocimiento, puesto que entender, observar y describir las
especies que llegaban a las cortes Habsburgo permitirían a los gobernantes
apropiarse más directamente de los objetos observados; en este caso, de los
objetos que configuran las cabezas compuestas de Arcimboldo.
Finalmente, es importante
mencionar que el humor y juego con el que las obras fueron configuradas
permitió un acercamiento y empoderamiento por parte del espectador. Dichos
espectadores eran, mayoritariamente, cortesanos, que al apreciar las obras
reafirmaban su poder sobre el mundo y sus maravillas. De manera que el
humor en las obras de Arcimboldo permitió una autoconsciencia más evidente
alrededor del poder de la familia Habsburgo sobre el resto del mundo. Lo
anterior teniendo en cuenta que los objetos de observación eran traídos, en su
mayoría, de otras latitudes.
Todo lo anterior evidencia cómo los intercambios entre geografías
distintas, especialmente intercambios de conocimiento científico y objetos
exóticos determinaron no sólo la obra de Arcimboldo, sino su propio trabajo
dentro de la corte. Así las montañas y los océanos no se vieron sólo como
barreras geográficas, sino, por el contrario, como oportunidades de crear
nuevos caminos hacia lo desconocido, lo maravilloso y lo exótico,
que, así como los retratados, se pueden inmortalizar mediante la
“veracidad” en la representación pictórica.
ANEXOS
Figura 1: Alce,
Giuseppe Arcimboldo, 1566. En Österreichische nationalbibliothek, Vienna.
Figura 2: Alce,
Giuseppe Arcimboldo, 1566. En Kupferstichkabinett, Dresden.
Photo: Herbert Boswank.
Figura 3: Narcissus, Giuseppe Arcimboldo, sin
año. En Österreichische nationalbibliothek, Viena.
Figura 4: Iris,
Giuseppe Arcimboldo, sin año. En Österreichische nationalbibliothek, Viena.
Figura 5: Mapa
del Sacro Imperio Romano desde 1548 hasta 1648.
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[1]Es importante mencionar que en la época de Arcimboldo se creía que él
era el pionero en crear este tipo de composiciones fantásticas de
cabezas compuestas. Ver Gregorio Comanini, The
Figino OR On the Purpose of Painting. Art Theory in the Late Renaissance,
ed. University of Toronto Press (Toronto, 2001). Y a pesar de que su innovación ha sido innegable, hay
evidencia de que hubo artistas anteriores, como Pietro Aretino, que crearon
este tipo de composiciones fantásticas. Ver Raymond B. Waddington, Aretino’s Satyr: Sexuality,
Satire, and Self-Projection in Sixteenth-Century Literature and Art
(Toronto: University of Toronto Press, 2004).
[2] Respecto a la historiografía
alrededor de Arcimboldo en términos de Renacimiento global, la literatura es
reducida. Sin embargo, Thomas Dacosta Kaufmann tiene la aproximación más
rigurosa alrededor de este tema, especialmente, en su libro Arcimboldo. Visual Jokes, Natural History, and
Still-Life Painting (The University
of Chicago Press, 2009).
[3] Thomas Dacosta Kaufmann, “From Treasury to Museum: The
Collections of the Austrian Habsburgs,” en The
Cultures of Collecting, ed. John Elsner (Londres: Reaktion Books, 1997),
143.
[4]Anthony Alan Shelton, “Renaissance Collections and the
New World” en The Cultures of Collecting,
ed. John Elsner y Roger Cardinal (Londres: Reaktion Books, 1997), 180.
[8]Brian W. Ogilvie, The
Science of Describing. Natural History in Renaissance Europe (Chicago y
Londres: University of Chicago, 2006),
8,http://search.ebscohost.com.ezproxy.uniandes.edu.co:8080/login.aspx?direct=true&db=a9h&AN=9409010015&lang=es&site=ehost-live.
[9]Peter Parshall, “Imago Contrafacta: Images and Facts
in the Northern Renaissance,” Art
History. 16, no. 4 (Diciembre, 1993): 568,
http://search.ebscohost.com.ezproxy.uniandes.edu.co:8080/login.aspx?direct=true&db=a9h&AN=9409010015&lang=es&site=ehost-live.
[13]Al respecto, la obra de
Arcimboldo tuvo gran fortuna crítica, especialmente, a la luz del manierismo, surrealismo y expresionismo. Ver
Polona Petek, “The Death and
Rebirth of Surrealism in Bohemia : Local Inflections and Cosmopolitan
Aspirations in the Cinema of Jan Švankmajer The Death and Rebirth of Surrealism
in Bohemia : Local Inflections and Cosmopolitan Aspirations in ˇ Vankmajer
the Cinema of Ja,” Journal of Contemporary European Studies ISSN: 17,
no. 1 (2009): 75–89, https://doi.org/10.1080/14782800902844735.
[14]Ver Paula Findlen, “Jokes of Nature and Jokes of
Knowledge : The Playfulness of Scientific Discourse in Early Modern Europe”, Renaissance Quarterly 43, no. 2 (Verano,
1990).
[15]Findlen, “Jokes of Nature and Jokes of Knowledge : The
Playfulness of Scientific Discourse in Early Modern Europe”, 293.
[17]Findlen, Possessing
Nature Museums, Collecting, and Scientific Culture in Early Modern Italy
(Berkeley y Los Angeles: University of California Press, 1994), 22.
[18]Findlen, Possessing
Nature Museums, Collecting, and Scientific Culture in Early Modern Italy, 24
y 164.
[19]De Paduanis fue uno de los muchos científicos
cortesanos que abordaron como objeto de investigación lo natural. Nacido en Friuli, Italia y residente de Praga desde 1583
hasta su muerte, en 1589.
[20]Austin B. Caswell en “The
Pythagoreanism of Arcimboldo”, Journal of Aesthetics & Art Criticism
39, no. 2 (Diciembre, 1980): 155–61. En este artículo, el autor dimensiona la obra de
Arcimboldo desde una perspectiva científica y experimental –en cuanto al color
y a la luz. El autor logra hacer esta lectura mediante la revisión del Figino,
escrito por Gregorio Comanini (1591), y el análisis de los experimentos de
Arcimboldo; lo anterior a la luz de la tradición pitagoriana y los
sistemas musicales de la época. Así, el autor evidencia cómo Arcimboldo le daba
un trato cientificista al color; más allá de la percepción creativa e
imaginativa que se tiene del artista.
[22]Bruce T. Moran, “German Prince-Practitioners: A Spects
in the Development of Courtly Science, Technology, and Procedures in the
Renaissance”, Technology and Culture
22, no. 2 (Abril 1981): 253–74.
[23]Findlen, Possessing
Nature Museums, Collecting, and Scientific Culture in Early Modern Italy,
347.
[25]Marco Carminati, "Milan: 1500–1714” en Grove Art Online (Enero, 2003).
[28]Pintor y dibujante italiano, alumno de Giovanni Paolo Lomazzo y
uno de los artistas más importantes que trabajaron en Milán durante la segunda
mitad del siglo XVI. Ver Annalisa Perissa Torrini, "Figino, (Giovan)
Ambrogio" en Grove Art Online
(2003). http://www.oxfordartonline.com.ezproxy.uniandes.edu.co:8080/groveart/view/10.1093/gao/9781884446054.001.0001/oao-9781884446054-e-7000028213.
[29]Pietro C. Marani, “Leonardo’s Drawings in Milan and
Their Influence on the Graphic Work of Milanese Artists”, en Leonardo Da Vinci, Master Draftsman, ed.
Alison Manges, Carmen Bambach y Rachel Stern (New York: Yale University Press,
2003), 155–56.
[30]Lorne Campbell, Renaissance
Portraits : European Portrait-Painting in the 14th, 15th, and 16th Centuries
(New Haven, CT: Yale University Press, 1990), ix y x,
1, 14, 201 y 230.
[32]Kaufmann, The
School of Prague. Painting at the Court of Rudolf II (Chicago: University
of Chicago Press, 1988), 44.
[33]Durante el Renacimiento la diferenciación hecha por Platón entre
icástico y fantástico evolucionó de ser una controversia filosófica específica
a un debate más amplio alrededor de los límites de la representación y la
imaginación. Temas como el contraste entre realidad y apariencia, lo verdadero
y lo falso, posible e imposible, lo probable y maravilloso fueron más allá de tecnicismos filosóficos para
influenciar diversas áreas del conocimiento como la crítica literaria, teorías
de recepción estética, demonología, entre otras. Ver Guido Giglioni, “The Matter of the Imagination: The
Renaisance Debate over Icastic and Fantastic Imitation,” Camenae 8 (2010): 1–21.
[35]Giglioni, “The Matter of the Imagination: The
Renaisance Debate over Icastic and Fantastic Imitation,” 4.
[37]Annemarie Jordan Gschwendt, “Exotic Animals in
Sixteenth-Century Europe”, en Encounters:
The Meeting of Asia and Europe 1500–1800, Ex. Cat (London, 2004), 43.
[39] Ver Petr Uliécnây, “The Making of the Habsburg Residence
in Prague Castle History of the Journey of the Imperial Palace from the Centre
to the Periphery,” Uméení 65, no. 4
(2017): 377–96,
http://search.ebscohost.com.ezproxy.uniandes.edu.co:8080/login.aspx?direct=true&db=bvh&AN=787557&lang=es&site=ehost-live.
[42]Comanini, The
Figino OR On the Purpose of Painting. Art Theory in the Late Renaissance, xii
y 17.
[49]Stephen Greenblatt, Marvelous Possessions: The Wonder of the New World (Chicago: The
University of Chicago Press, 1994), 19-25.
[52]Findlen, Possessing
Nature Museums, Collecting, and Scientific Culture in Early Modern Italy,
3.
[53]Findlen, Possessing
Nature Museums, Collecting, and Scientific Culture in Early Modern Italy,
1.
[54]Findlen, Possessing
Nature Museums, Collecting, and Scientific Culture in Early Modern Italy,
62.
[55]Annemarie Jordan Gschwendt, “Rarities and Novelties”,
en Encounters: The Meeting of Asia and
Europe 1500–1800, Ex. Cat (London, 2004), 38.
[56]Anna Jackson y Amin Jaffer, "Introduction: The
Meeting of Asia and Europe. 1500-1800", en Encounters: The Meeting of Asia and Europe 1500–1800, (London,
2004), 2.
[61]Annemarie Jordan Gschwend y Almudena Pérez de Tudela,
“Exótica Habsburgica,” in Oriente En
Palacio. Tesoros Asiáticos En Las Colecciones Reales Españolas, ed. Marina
Alfonso Mola y Carlos Martínez Shaw (Madrid: MNAC- Patrimonio Nacional, 2003),
30.
[66]Kaufmann, The
School of Prague. Painting at the Court of Rudolf II, 15–16. Ver Kaufmann, “Remarks on the Collections of Rudolf II-
the Kunstkammer as a Form of Representatio.,” Art Journal 38, no. 1 (1978): 22–28,
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